viernes, 24 de abril de 2015

UN CAMINO PARA RECORDAR



(Mi reflexión personal sobre el Camino de Santiago en la Semana Santa 2015)

Cuando me dijeron de hacer el Camino de Santiago, debo confesar que no tenía la menor  idea de que se trataba. No tenía la menor idea de lo que era y de cómo se hacía. 
Me fueron dando información y me dijeron que íbamos a caminar más de cien kilómetros. Pensar en caminar esa distancia, a mí, me parecía una locura. Vengo de un país extranjero y lejano y todo esto era completamente desconocido para mí. Por lo que mi mente se llenó de preguntas. Sin embargo, en mi confusión, descubro un consuelo al saber el significado y la razón de esta aventura. Hacemos algo porque hay una razón, un motivo para hacerlo. Como dije antes, soy extranjero. Vengo desde Indonesia. Llevo viviendo en Santiago dos meses. Soy un joven religioso de la Orden de los Padres Somascos. 

Todas las dudas y las confusiones que rondaban por mi cabeza se hicieron añicos en cuanto empecé esta actividad. Tuve como un lavado de cerebro al empezar con las actividades del Camino y en cuanto empecé a caminar.

Honestamente, no he encontrado una palabra precisa para expresar mi alegría después de haber hecho el Camino de Santiago, por primera vez. Pero doy gracias a Dios por todo. Fue un momento precioso que había recibido y experimentado de Él. Puede que haya sido una experiencia y una historia puntual que ha durado un determinado tiempo, pero siempre será un tesoro que guardaré en mi vida y en mi corazón.

Personalmente, este Camino de Santiago fue un momento de encuentro con Cristo. Fue un momento en el que me lo encontré de manera especial en nuestras oraciones y devociones. En la Eucaristía, en la Adoración y en cada una de las reflexiones de los sacerdotes. Creo que el grupo de los que han participado en este Camino de Santiago, se han encontrado con Cristo, al igual que yo. Jesús estaba allí caminando con nosotros durante el Camino.

Por otra parte, para mí, fue muy especial hacer el Camino durante la Semana Santa. Durante las comidas se vivía la fraternidad. El compartir juntos la comida y la bebida, me recordó a la Cena de Cristo con sus discípulos, juntos compartiendo un mismo pan y una misma bebida, con Él.
En los momentos de subir y bajar los montes, de entrar en los pueblos y de caminar de un lugar a otro, me recordaba el sufrimiento de Cristo que lleva la cruz, camina por las calles de Jerusalén, sube al monte y finalmente sufre y muere en la cruz en el Calvario. Yo no llevaba la cruz cuando estaba caminando pero había veces que sentía que no podía caminar debido al dolor en mis pies, rodillas e incluso en todo el cuerpo. Si he sentido el dolor sólo por caminar ¿Cómo sería si estuviera yo en el lugar de Jesús cargando con la cruz? ¿Podemos imaginar lo doloroso que es? 

Pero no fue sólo dolor y sufrimiento. Nuestro gozo en la última hora y en los últimos minutos corriendo y cantando una canción a la llegada a la Catedral de Santiago, me recordaba una vez más a la alegría de María y las otras mujeres al regresar del sepulcro y anunciar a Pedro y a los demás apóstoles, que Jesús había resucitado. O también la alegría de los dos discípulos que regresaban corriendo de Emaús a Jerusalén, proclamando a gritos que Jesús había resucitado y que había caminado con ellos.

Por último, nuestra Misa del Peregrino, el Domingo de Pascua, me recuerda nuestra comunión con la Iglesia, la fe que recibimos de Dios, el amor que experimentamos y la hermandad que compartimos con Cristo. 

¡El Camino de Santiago es un momento precioso!

Gracias por recordarme que Jesús hizo mucho por mí, que me ama con un amor incondicional hasta el punto de aceptar la muerte y una muerte de cruz.

Pero sobre todo, doy gracias por la Alegría, el Espíritu y la Luz que he recibido durante estos días.
¡Qué el Señor Resucitado nos bendiga a todos!

Ambrosius Turuk 
(Ambrós)



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